lunes, 28 de diciembre de 2015

Mitos y realidades de la educación


 
    A finales del siglo XIX se le empezó a dar un énfasis generalizado a la educación. Esto no quiere decir que antes no tuviera importancia, sino que esta estaba circunscrita a una determinada clase social. Las clases populares tenían acceso hasta cierto nivel de educación. Su realidad los obligaba a dejar la escuela para participar en el sostén de la familia y pocos eran los que continuaban sus estudios.
 
    El siglo XX la educación se democratizo, extendiendo sus beneficios a todas las clases sociales, al grado de que en la actualidad el número de graduados excede año a año a la capacidad de las empresas para darles cabida en el mercado laboral, lo que poco a poco va a ir incidiendo en nuevas y mejores formas de empleo y auto empleo.

   Hoy, cien años después de que se inició la revolución educativa, nos es menester hacer un alto en el camino para cuestionarnos qué tanto sabemos de la educación. La familia, educación y medio ambiente son instrumentos que atemperan o magnifican la genética. Lo que manda es la genética y esta no se puede modificar. Lo que sí se puede es administrar la genética, y esto se logra a través de los medios arriba mencionados: familia, educación y medio ambiente.
    Don Miguel de Unamuno (1864 / 1936), quien fuera rector de la Universidad de Salamanca, posee varias anécdotas sobre la educación que vale la pena comentar. Nos centraremos en dos de ellas. Un día le preguntan, en su calidad de experto en educación, que a qué edad es conveniente empezar la educación de los niños, a lo que de inmediato responde: cien años antes de nacer.
    Lo que el Dr. Unamuno quería enfatizar con su respuesta es que los limites y potencias de un individuo, se empiezan a gestar tres generaciones antes de su concepción. Las combinaciones genéticas de sus bisabuelos, abuelos y padres, son las que determinarán los límites y potencias del individuo. La educación ayudará a potencializar o minimizar lo que ya está ahí: su genética.

    La segunda anécdota es similar a la anterior… Año tras año Don Miguel de Unamuno recibía a los estudiantes de carrera, maestría y doctorado para darles la bienvenida a la Universidad de Salamanca, y conminarlos a desarrollar al máximo sus capacidades académicas e intelectuales. Al término de su arenga se despedía de ellos con el siguiente recordatorio: por último les quiero recordar que lo que Madre Natura no da, Salamanca no otorga.

    Con esto lo que les quería decir es que el que entra bruto, sale Honoris Bruto. Con un título profesional o de grado, pero bruto al fin. Los títulos por si solos no son garantía de que los educandos van a triunfar en la vida. Lo que determina el grado de éxito o fracaso del individuo es su genética (madre natura) y lo que con ella haya hecho.
Jaime Ramos F.
 
 

 

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